lunes, 20 de junio de 2016

Las Enfermeras en la Primera Guerra Mundial.


La Primera Guerra Mundial cambió mapas, destruyó imperios y dejó más de nueve millones de muertos. El 28 de junio de 1914 Gavrilo Princip asesinaba al heredero del imperio Austrohúngaro, la situación política se fue deteriorando y un mes después comenzó la Guerra, también conocida como Gran Guerra, focalizada principalmente en Europa, que comenzó el 28 de Julio, tal día como hoy, de 1914 y finalizó el 11 de noviembre de 1918. El mundo dejaría de ser el mismo.

Este hecho histórico dio forma al mito de la enfermera gentil y joven, que a menudo era voluntaria, miembro no entrenada del cuerpo de voluntarias de ayuda, vestida con su uniforme blanco e inmaculado, y desde entonces es universalmente admirado. Fue el momento de la gran irrupción de la mujer en la enfermería tanto profesional, siguiendo los pasos de Florence Nigtingale, y además un gran número de voluntarias

Enfermera asomada en ventana de hospital de campaña.

 Cuando terminó la guerra, la mayoría de ellas dejaron el servicio, pero algunas de las más aventuradas viajaron hacia otras guerras.
Las que regresaron llegaron a sitios donde quedaban pocos hombres. Fue esa pérdida enorme de cientos de miles de jóvenes varones en Francia, Bélgica, Reino Unido, además de Rusia y, por supuesto, Alemania, lo que facilito o ayudo en parte la lucha por la igualdad y la extensión del sufragio a las mujeres.
Soldado herido perteneciente a los Black Watch - Royal Highland Regiment recibiendo los primeros cuidados en la enfermería.
Bethune - Francia. Abril de 1918.
La guerra produjo problemas sanitarios que difícilmente se conocían en la vida civil y que los médicos y enfermeras no habían experimentado antes. El más común fue la infección de las heridas, cuando los hombres acribillados con balas de metralletas quedaban con trozos de uniforme y barro contaminado de las trincheras que se propagaban hacia su abdomen y sus órganos internos. No había antibióticos, por supuesto, y los desinfectantes que se utilizaban eran rudimentarios e insuficientes.
Enfermería a poca distancia del frente de batalla.
Según Christine Mallet en su amplio estudio de investigación sobre la enfermería en la Primera Guerra Mundial, en su libro, Veiled Warriors ("Guerreras con Velo"), habla de cómo en el frente ruso se usaron medidas con frecuencia muy radicales, como cubrir las heridas con yodo o sal, se vendaba con firmeza al cuerpo y la víctima aún tenía que ser transportada muchos kilómetros hacia los hospitales de guerra. 
En Reino Unido se hicieron muchos esfuerzos para tratar las heridas infectadas, pero miles de soldados murieron a causa de tétanos o gangrena antes de que fuera descubierto un producto sanador efectivo. Hacia el fin de la guerra comenzaron a surgir algunas soluciones eficaces, aunque también portaban grandes peligros. Una de ellas fue la transfusión sanguínea, que se llevaba a cabo conectando una sonda entre el paciente y el donante: una transferencia - transfusión directa.

Enfermeras atendiendo a soldados heridos y en una intervención quirúrgica.

Durante el enfrentamiento bélico de la Gran Guerra, en el bando aliado y en concreto en el Reino Unido, el principal cuerpo de enfermeras profesionales era el Servicio de Enfermería Militar Imperial de la Reina Alexandra (QAIMNS). Había sido fundado en 1902, en la época de la guerra de los Bóeres, y en 1914 tenía menos de 300 miembros. Al fin de la guerra, cuatro años después, contaba con 10.000 enfermeras. Además, otras organizaciones formadas anteriormente tenían como propósito principal el cuidado de los miembros de las fuerzas armadas, como por ejemplo el Cuerpo de Caballería de Enfermería de Primeros Auxilios creado en 1907.

 Grupo de militares en la puerta del Hospital de Arroios de Lisboa.

Debido a que el ejército británico se oponía abiertamente a la participación de las enfermeras militares, con excepción de las de QAIMNS, las primeras voluntarias británicas se vieron obligadas a servir con las fuerzas francesas y belgas. Muchas de ellas pertenecían a familias de la aristocracia o eran sus sirvientas. Eran mujeres poderosas que dirigían grandes familias y grandes propiedades tenían gran experiencia en la administración de sus grandes casas y no tuvieron problemas en hacerse cargo de un hospital militar. Su confianza en sus propias capacidades era impactante. La más famosa de estas mujeres fue la duquesa de Sutherland, apodada Meddlesome Millie (la entrometida Millie). 

Enfermeras asistiendo a herido antes de entrar en el vagón-enfermería.

En la primavera de 1915 debido a la enorme y sangrienta ola de víctimas se vieron desbordadas debido al gran número de heridos, incluso los más altos oficiales del ejército británico se rindieron ante ellas, dada la presión del momento y el firme compromiso que habían demostrado.
En esa etapa de la guerra los dirigentes políticos comenzaron a invitar a las mujeres a participar en apoyo a los ejércitos de diversas formas y funciones, entre las que se contaba la enfermería. El número aumento enormemente ya que miles de jóvenes de hogares de clase media con experiencia en el empleo doméstico, pocos conocimientos sanitarios, en total ignorancia de anatomía y el cuidado de heridos de guerra, se ofrecieron como voluntarias y pronto fueron colocadas en funciones en hospitales militares. 
Grupo de enfermeras con los uniformes de la Cruz Roja.
La imagen y los uniformes de la Cruz Roja eran románticos, pero el trabajo en sí mismo era agotador, no tenía descanso y en ocasiones resultaba repugnante y su estatus en la sociedad era poco más alto que el de las empleadas domésticas, estaban muy mal remuneradas. Tenían principalmente la función del aseo doméstico, la limpieza de pisos, el cambio de sábanas y el vaciado de bacinillas, y sólo en etapas posteriores de la guerra se les permitió que cambiaran vendajes o administraran medicamentos.
Grupo de enfermeras asistiendo junto a la tropa a una misa de campaña.
En muchos casos, no fueron recibidas con agrado, pues las enfermeras profesionales, que luchaban por algún tipo de reconocimiento con estudios y prácticas apropiadas, temían que esa enorme invasión de voluntarias no cualificadas socavara sus esfuerzos. Las relaciones entre las enfermeras profesionales y las asistentes voluntarias se reducían a una rígida e inquebrantable disciplina. El clima de la vida en la enfermería era muy severo. A pesar de las difíciles condiciones en hospitales de campaña, en trenes, chozas, etc., los soldados fueron atendidos, consolados y cuidados, a menudo con enorme riesgo para las propias enfermeras. Más de 200 enfermeras en el Servicio del Ejército británico perdieron sus vidas en la guerra. Las posibilidades que un soldado tenía de sobrevivir a las heridas eran mínimas sin la ayuda y abnegada dedicación mostrada por estas VALIENTES mujeres. 

Hospital del Ejército de Estados Unidos en Francia.
Fotografiadas por PAUL THOMPSON para National Geographic

Enfermeras estadounidenses con máscaras de gas en una línea del frente durante la Primera Guerra Mundial.


Estas imágenes nos muestran las duras condiciones de trabajo en la Gran Guerra. Las enfermeras realizaron su labor siguiendo fundamentalmente el modelo británico. Más de 400 enfermeras militares estadounidenses murieron en servicio, casi todas de la “gripe española”, epidemia que se extendió por los atestados campamentos militares, hospitales y puertos de embarque.

Las imágenes coloreadas con técnicas actuales por Henrique Mart, tomadas de la publicación de la Liga de los Combatientes portugueses (LC).
La Liga de los Combatientes (LC) fue fundada en 1921 por los combatientes portugueses de la I Guerra Mundial, y oficializada en 16 de octubre de 1923, con el espíritu de fraternidad, defender sus intereses y ayudar a los inválidos de guerra, viudas y huérfanos.



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