viernes, 23 de febrero de 2018

Promesas del Este - Cine.

Anna es una enfermera matrona que trabaja en un hospital de Londres. Afectada por el fallecimiento tras el parto de una desconocida paciente que ingresó con signos de violencia, decide indagar sobre su procedencia. Su única ayuda es un diario perteneciente a la difunta en el que descubrirá que la chica proviene de la familia mafiosa rusa.
Diversas fotos de secuencias de la película. año 2007.
Semyon, el jefe del clan mafioso, detrás de una sonrisa encantadora, esconde una naturaleza fría y cruel. La estabilidad familiar se tambalea por culpa de Kirill, su alocado hijo, que hace más caso a Nikolai, el chófer de la familia, que a su padre. La vida de Nikolai misterioso y atractivo, cambia de golpe cuando conoce a Anna.
La familia mafiosa tendrá que deshacerse de todo lo que sea un posible peligro y destape su red de asesinos a la policía, incluida Anna.

  
Título original - Eastern Promises - Promesas del Este
Genero: Intriga-drama mafioso.
Reparto:
Viggo Mortensen, Naomi Watts, Vincent Cassel, Armin Mueller-Stahl, Sinead Cusack, Donal Sumpter, Jerzy Skolimowski, Josef Altin, Mina E. Mina, Alekxander, Mikic, Tatiana Maslany.
Año 2007, Duración 99 min.
País Reino Unido
Dirección David Cronenberg
Guion Steven Knight
Música Howard Shore
Fotografía Peter Suschitzky

Nominada al Oscar: Mejor actor (Viggo Mortensen)
3 nominaciones Globo de Oro: Película dramática, bso, actor drama (Mortensen)
2 nominaciones a los BAFTA: Mejor película británica y actor (Viggo Mortensen)
Círculo de Críticos de Nueva York: Nominada a Mejor actor (Viggo Mortensen)
Nominada al Cesar: Mejor película extranjera
Festival de Toronto: Mejor película (Premio del Público)

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Trailer:




viernes, 16 de febrero de 2018

Enfermeras en la Gran Guerra. En el centenario. (III)

Durante el conflicto bélico de prácticamente cuatro años es evidente que las enfermeras desarrollaron su extenso trabajo en todas las áreas de su competencia  y la actividad lógicamente no se limitaba a la atención directa de los heridos y necesitados en los hospitales de campaña, algunos de ellos ubicados en zonas muy cercanas al frente de batalla, con gran peligro de sus vidas, sino que tan importante como éstas, también eran las funciones que se llevaban a cabo en la retaguardia, en hospitales más alejados de la batalla, dónde realizaban intervenciones dirigidas a la rehabilitación, adaptación a las nuevas situaciones de salud en las que se encontraban los heridos como consecuencia de sus lesiones y en lo posible la recuperación. 
Aquí podemos ver unos ejemplos en fotos coloreadas.

Soldados que han quedados ciegos, ayudados de una enfermera están haciendo ejercicios de ambulación y orientación en su nueva situación. Paris. 1916.

Enfermeras en intervenciones de terapia de entretenimiento con soldados en sus jornadas de recuperación en un hospital de Londres. 1916.

Enfermera en su función de administración y gestión en el destacamento de ayuda en Abbeville, departamento de Somme, Fracia. 27 de Junio de 1917.

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jueves, 8 de febrero de 2018

'Chica de la Cruz Roja', ilustración de la revista 'Vanity Fair'.

Sobre un fondo en el que se dibuja una Cruz Roja, en primer plano aparece la imagen de una enfermera acompañada de un perro socorrista, ambos portan el distintivo de la organización.
El impacto de la Gran Guerra y la gran aportación de las enfermeras en los hospitales del frente de batalla y en la retaguardia con la recuperación de los heridos, hizo que su labor fuera motivo de reconocimiento en ámbitos como el militar, social, artístico, etc. como hemos podido ver en otras publicaciones de Divertimento Enfermero, en éste caso el reconocimiento lo hizo la revista Vanity Fair con ésta ilustración.

Ilustración de 1918. Cortesía de Harry Ransom Center. 
Vanity Fair es una revista estadounidense de cultura, moda y política, de publicación mensual de la editorial Condé Nast Publications, de gran calidad fotográfica y articulista que tuvo su primer número en 1913. 
Estuvo muchos años en primera línea hasta que su editorial, por motivos comerciales, decidió dejar de editarla, estando así algunas décadas, hasta que de nuevo en 1983 reinició su nueva andadura disputando fuertemente con otras revistas el mercado, valiéndose para ello con la aportación de la gran fotógrafa Annie Leibovitz, o periodistas como Marie Brenner, por citar algunos ellos.
VANITY FAIR   Edición mexicana, 23 de marzo de 2015. 
En febrero de 2007 la editorial lanzó la primera edición internacional, en concreto en Alemania, y posteriormente se han extendido al Reino Unido e Italia. Desde 2008 se hace una edición en España y en México desde 2015.

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miércoles, 31 de enero de 2018

Enfermeras en la Gran Guerra. En el Centenario (II)

La Primera Gran Mundial produjo problemas sanitarios que difícilmente se conocían en la vida civil y que los médicos y enfermeras no habían experimentado antes. Hasta entonces en las guerras gran parte de los muertos, lo eran por enfermedades, cólera, tifus, etc. que diezmaban los regimientos. En cambio en ésta guerra y especialmente en el frente occidental, el 58% de los muertos lo fue por el fuego de la artillería y lo más común la infección de las heridas, cuando los hombres acribillados con balas y con metralla quedaban con trozos de uniforme y barro contaminado de las trincheras que se propagaban hacia su abdomen y sus órganos internos. No había antibióticos, por supuesto, y los desinfectantes que se utilizaban eran rudimentarios e insuficientes.
Sargento Sawyer Champion Stanley Spence, perteneciente a los fusileros de la reina de Westmister. A pesar de lo aparatosas de sus lesiones, salvo su vida y vivió hasta 1973, por su aspecto parecen posibles quemaduras, está siendo atendido por una enfermera del Servicio Militar Imperial de la Reina Alexandra (QAIMNS) y que de forma gentil tiene cogida la mano del militar como ayuda a soportar el dolor.
 Foto coloreada.
Según Christine Mallet en su amplio estudio de investigación sobre la enfermería en la Primera Guerra Mundial, en su libro, Veiled Warriors ("Guerreras con Velo"), habla de cómo en el frente ruso se usaron medidas con frecuencia muy radicales, como cubrir las heridas con yodo o sal, se vendaba con firmeza al cuerpo y la víctima aún tenía que ser transportada muchos kilómetros hacia los hospitales de guerra. 
Gran duquesa Olga Nikolaevna de Rusia con soldados heridos. 1915.
Foto coloreada.
Al inicio del conflicto, el número de enfermeras de la cruz roja rusa era inferior a 4000, número que se vio insuficiente para la gran cantidad de heridos que atender. Como solución llegaron muchas voluntarias que carecían de una formación mínima y ante la gran escasez de personal cualificado, la cruz roja rusa realizó grandes esfuerzos para formar de enfermeras capacitadas. Por lo general, el alistamiento se realizaba con mujeres alfabetizadas que poseían al menos enseñanza secundaria. 
Las hijas del Zar Nicolás II con su madre, la Zarina Alejandra, voluntarias en un hospital militar. 1915. Foto coloreada.
Para 1916, el número de mujeres que formaban la sociedad rusa de la cruz roja era cercano a 25.000 enfermeras de guerra de muy diferentes capas sociales, desde campesinas y mujeres de clase trabajadora, a nobles e incluso la propia realeza.
En todos los frentes se hicieron grandes esfuerzos para tratar las heridas infectadas, pero miles de soldados murieron a causa de tétanos o gangrena antes de que fuera descubierto un producto sanador efectivo. 
Dos enfermeras del Servicio Militar (QAIMNS) recibiendo a un oficial canadiense. En el ejercito hay separación de la tropa con relación a los oficiales, como se ve en el letrero de la puerta del vagón hospital. Foto coloreada.
Hacia el fin de la guerra comenzaron a surgir algunas soluciones eficaces, aunque también portaban grandes peligros. Una de ellas fue la transfusión sanguínea, que se llevaba a cabo conectando una sonda entre el paciente y el donante: una transferencia - transfusión directa.



lunes, 29 de enero de 2018

Pilar Arroyo Gordo. Medalla Florence Nightingale

La enfermera Pilar Arroyo recibió días pasados la Medalla Florence Nightingale, el mayor reconocimiento de Cruz Roja Internacional, otorgada por el Comité Internacional de la Organización, como reconocimiento a 40 años de carrera y dedicación a la profesión. Arroyo, propuesta por Cruz Roja Española, ha sido elegida por 190 delegaciones de todo el mundo como merecedora de este galardón. 


Quién escribe, de Divertimento Enfermero, tubo la satisfacción de coordinar un curso sobre ética y enfermería que se realizó en el Hospital de la Serranía de Ronda, Andalucía, durante una semana y con Pilar como docente, participado así de sus conocimientos y  profesionalidad. 

La Medalla Florence Nightingale distingue, los más de 40 años de dedicación de Pilar Arroyo a la profesión enfermera y su participación en los momentos más importantes de la historia de la profesión en España. Por citar algunos ejemplos, destaca el haber formado parte activa de la Asociación de Enfermería Docente, reivindicando la importancia de la inclusión de esta profesión en los estudios universitarios como una especialidad propia, o el haber sido miembro del comité de expertos que redactó el Código Deontológico de la Enfermería Española.
La galardonada ha destacado, en su discurso de agradecimiento, el importante cambio que tuvo lugar en el año 1977, fecha en la que comenzó “el cambio de planes de estudios de enfermería y de la que formó parte.
Actualmente sigue dirigiendo la revista Metas
Además de su intachable dilatada carrera profesional, Pilar Arroyo es una persona con cualidades humanas dignas de un reconocimiento, si cabe, aún mayor. Inteligente, humana, luchadora, tenaz, perfeccionista, con carácter, pero profundamente humana y tierna a la vez… Las personas que tienen la suerte de conocerla saben de la grandeza de esta enfermera de pies a cabeza, esposa, madre, abuela, compañera, amiga y, en definitiva, un ejemplo a seguir.

Hasta la fecha, tan sólo Carmen Angoloti (Duquesa de la Victoria), en 1925; Concepción Bermejo, en 1977, y Juana María Hernández, en 2010, tenían en su haber esta distinción.

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lunes, 22 de enero de 2018

Las enfermeras en la Gran Guerra. En el centenario (I)

La Primera Guerra Mundial cambió mapas, destruyó imperios y dejó más de nueve millones de muertos. El 28 de junio de 1914 Gavrilo Princip asesinaba al heredero del imperio Austrohúngaro, la situación política se fue deteriorando y un mes después comenzó la Guerra, también conocida como Gran Guerra, focalizada principalmente en Europa, que comenzó el 28 de Julio de 1914 y finalizó el 11 de noviembre de 1918. El mundo dejaría de ser el mismo.
Enfermera con uniforme militar sobre el estribo de un auto.
Foto coloreada.
Este hecho histórico dio forma al mito de la enfermera gentil y joven,  vestida con su uniforme blanco e inmaculado, y desde entonces son unas figuras admiradas universalmente. Fue el momento de la gran irrupción de la mujer en la enfermería  profesional, siguiendo los pasos de Florence Nigtingale. 

Grupo de enfermeras. Foto coloreada.
Y también de un gran número de "enfermeras voluntarias", pues en la primavera de 1915 debido a la enorme y sangrienta ola de víctimas se vieron desbordadas debido al gran número de heridos, incluso los más altos oficiales del ejército británico se rindieron ante ellas, dada la presión del momento y el firme compromiso que habían demostrado. En esta parte de la guerra los dirigentes políticos comenzaron a invitar a las mujeres a participar en apoyo a los ejércitos de diversas formas y funciones, entre las que contaba la enfermería. 
Un grupo de enfermeras junto a los militares durante una misa de campaña.
 Foto coloreada.
El número aumento enormemente ya que miles de jóvenes de hogares de clase media con experiencia en el empleo doméstico, pocos conocimientos sanitarios, en total ignorancia de anatomía y el cuidado de heridos de guerra, se ofrecieron como voluntarias y pronto fueron colocadas en funciones en hospitales militares, y que intentaron suplir con un gran esfuerzo sus carencias ante tanta necesidad por el número de heridos . Cuando terminó la guerra, la mayoría de ellas dejaron el servicio, pero algunas de las más aventuradas viajaron hacia otras guerras.
Las que regresaron llegaron a sitios donde quedaban pocos hombres. Fue esa pérdida enorme de cientos de miles de jóvenes varones en Francia, Bélgica, Reino Unido, además de Rusia y, por supuesto, Alemania, lo que facilito o ayudo en parte la lucha por la igualdad y la extensión del sufragio a las mujeres.

Enfermera asomada en la ventana de un hospital de campaña.
Foto coloreada. 
La imagen y los uniformes de la Cruz Roja eran deseables y romanticos, pero el trabajo en sí mismo era agotador, no tenía descanso y en ocasiones resultaba repugnante y su estatus en la sociedad era poco más alto que el de las empleadas domésticas, estaban muy mal remuneradas. Tenían principalmente la función del aseo doméstico, la limpieza de pisos, el cambio de sábanas y el vaciado de bacinillas, y sólo en etapas posteriores de la guerra se les permitió que cambiaran vendajes o administraran medicamentos.  En muchos casos, no fueron recibidas con agrado, pues las enfermeras profesionales, que luchaban por algún tipo de reconocimiento con estudios y prácticas apropiadas, temían que esa enorme invasión de voluntarias no cualificadas socavara sus esfuerzos. Las relaciones entre las enfermeras profesionales y las asistentes voluntarias se reducían a una rígida e inquebrantable disciplina.

Dos enfermeras atendiendo a un soldado herido antes de entrar en el tren hospital.
Foto coloreada.
El clima de la vida en la enfermería era muy severo. A pesar de las difíciles condiciones en hospitales de campaña, en trenes, chozas, etc., los soldados fueron atendidos, consolados y cuidados, a menudo con enorme riesgo para las propias enfermeras.

Enfermeras y militares en la puerta de Arroios, Lisboa, Portugal.
Foto coloreada.
Durante el enfrentamiento bélico de la Gran Guerra, en el bando aliado y en concreto en el Reino Unido, el principal cuerpo de enfermeras profesionales era el Servicio de Enfermería Militar Imperial de la Reina Alexandra (QAIMNS). Había sido fundado en 1902, en la época de la guerra de los Bóeres, y en 1914 tenía menos de 300 miembros. Al fin de la guerra, cuatro años después, contaba con 10.000 enfermeras. Además, otras organizaciones formadas anteriormente tenían como propósito principal el cuidado de los miembros de las fuerzas armadas, como por ejemplo el Cuerpo de Caballería de Enfermería de Primeros Auxilios creado en 1907.

Enfermera charlando con un soldado herido.
Foto coloreada.
Basta apuntar que más de 200 enfermeras en el Servicio del Ejército británico perdieron sus vidas en la guerra. Las posibilidades que un soldado tenía de sobrevivir a las heridas eran mínimas sin la ayuda y abnegada dedicación mostrada por estas VALIENTES mujeres. 


domingo, 14 de enero de 2018

Una enfermera se convierte en la primera obispa de Londres.

La enfermera Sarah Elisabeth Mullally es la primera mujer en la historia en ser nombrada obispa de Londres por la Iglesia Anglicana. El nombramiento de Mullaly, de 55 años, casada y madre de dos hijas, recibió la aprobación de la reina Isabel II, el pasado mes de diciembre de 2017.
De esta forma, la que fue durante 16 años jefa de enfermería en la sanidad pública británica, que en 2001 comenzó los estudios de teología, siendo primeramente nombrada diacona, en la actualidad ha conseguido situarse en el tercer escalafón de esta institución religiosa, la más importante de Reino Unido.

Sarah Elisabeth Mullally de Obispa de la Iglesia Anglicana de Londres.
Su consagración permite a Mullally desempeñar además un papel en la Cámara de los Lores del Parlamento británico y supone otro importante paso para las mujeres en el marco de la Iglesia de Inglaterra, después de que Libby Lane hiciera historia en 2015, cuando se convirtió en la primera mujer obispa en Stockport.
 Pete Broadbent, el hasta ahora obispo en funciones, ha aplaudido la decisión: “Ha demostrado que posee cualidades de liderazgo y compromiso para el trabajo de colaboración".
Acto de nombramiento de Obispa de la Iglesia Anglicana. Diciembre de 2017.
Por otra parte, el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, ha calificado la noticia como “maravillosa” y ha subrayado la "extraordinaria experiencia y profundas cualidades" de la nueva obispa.

Mullally ha aprovechado el contexto para instar a que haya más mujeres y representantes procedentes de minorías representadas en la Iglesia Anglicana. "Si nuestras iglesias van a ser más relevantes para nuestras comunidades, eso implica que un mayor número de ellas estarán lideradas por curas que serán mujeres, y que vendrán de grupos étnicos minoritarios, negros y asiáticos", ha señalado.
Al mismo tiempo, la enfermera se ha mostrado" muy respetuosa" con aquellos que no "aceptan" su papel como cura u obispa, aunque también ha considerado que llegó el momento de ofrecer un mensaje más "inclusivo del amor de Cristo".
Mullally con su ejemplo abre camino para que el anglicanismo esté algún día liderado por una mujer.

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